Ir al contenido principal

La isla de la buena memoria

Madre, me voy a la isla
No sé contra quién pelear
Tal vez luche o me resista
O tal vez me muera allá

Creo que hace mucho frío por acá
Hay más miedos como el mío en la ciudad

¿Qué haré con el uniforme
Cuando empiece a pelear
Con el casco y con las botas?
¡Ni siquiera sé marchar!

No hay mal que no venga al hombre
No hay un Dios a quien orar
No hay hermanos ni soldados
Ya no hay jueces ni jurados
Solo hay una guerra más

Desde que llegué a la isla
No tengo con quien hablar
Somos miles los unidos
Por la misma soledad

Creo que hace mucho frío por acá
Hay más miedos como el mío en la ciudad

Ya se escuchan los disparos
Entre muerte y libertad
Cae mi cuerpo agujereado
Ya no podré cantar más

Hizo demasiado frío por acá
Hay más miedos como el mío en la ciudad

No hay mal que no venga al hombre
No hay un Dios a quien orar
No hay hermanos ni soldados
Ya no hay jueces ni jurados
Solo hay una guerra más

Y cada vez hay menos paz
Y cada vez hay menos paz
Y cada vez hay menos paz
Y cada vez hay menos paz
Y cada vez hay menos paz

 

 La isla de la buena memoria

Alejandro Lerner

Todo a pulmón (1983)




Comentarios

Entradas populares de este blog

Contame Malvinas

 Un juego de cartas para mantener viva la memoria de las islas.  Contame Malvinas es un juego de cartas de editorial Tinkuy en el cual, a partir de ciertos datos ofrecidos como punto de partida (situaciones, puntos geográficos, elementos, clima) se generan juegos literarios. El juego está prologado por Edgardo Esteban, un periodista, escritor y guionista argentino que también es ex-combatiente de Malvinas.

Nunca estuve en la guerra

La experiencia del servicio militar obligatorio a fines de la dictadura militar en la Argentina lleva a un joven de 18 años a enfrentarse con lo que significa la guerra. Sin haber pisado el campo de batalla, el narrador de esta historia empieza a comprender lo que significa el miedo, la violencia y el dolor de estar solo entre enemigos. Esta novela de Franco Vaccarini empieza así: Después de terminar la secundaria en 1981, no tenía excusas para vivir en el pueblo y tuve que volver al campo que mi familia arrendaba desde tiempos inmemoriales —es decir, desde antes de que yo naciera— en el partido de Lincoln. No trabajaba ni estudiaba porque tenía frente a mis ojos ese gran frontón, ese muro negro por cuyas hendijas apenas si podía ver el misterio del futuro que me esperaba: el servicio militar. El gran muro. En el sorteo para decidir a qué fuerza sería destinado me tocó un número alto, el 940. Número de Marina y, más exactamente, de la Infantería de Marina. La Marina hacía cinco llamado...

Juan López y John Ward

Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en diversos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de antiguas y recientes tradiciones, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa arbitraria división era favorable a las guerras. López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote. El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en un aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.   Juan López y John Ward Jorge Luis Borges Los conjurado...